El protocolo familiar

La empresa familiar puede definirse como aquella cuyo patrimonio o capital social pertenece a una persona o a varias personas unidas por matrimonio o lazos de parentesco, que además intervienen directamente en la gestión de la empresa.

La empresa familiar como tal no tiene una regulación concreta en nuestro ordenamiento jurídico, y por ello puede adoptar diversas formas jurídicas a la hora de actuar en el tráfico mercantil.
A pesar de lo anterior, existen ciertos aspectos jurídicos que conviene que los miembros de este tipo de empresas tengan en cuenta para la creación de éstas, para una mejor administración, o para prever su transmisión e incluso su extinción.

En este sentido la experiencia me dice que es recomendable, contar con el denominado protocolo familiar, también llamado pacto, o carta, que en definitiva es el acuerdo suscrito por los miembros de la empresa, en el que se recogen las atribuciones de cada uno de los integrantes en el citado grupo, la forma de incorporar a la empresa nuevos miembros, las posibles transmisiones de las participaciones o acciones, la sucesión de los fundadores y cualquiera otra cláusula en relación con la sociedad, que permita el desarrollo de la gestión de la empresa, su transmisión y en su caso la forma de extinción.

El protocolo familiar puede ser un documento privado, que se firma por los familiares que forman parte de la empresa, pero también puede otorgarse en documento público, e incluso incorporarse a los estatutos de la sociedad.

El protocolo familiar puede convertirse en un instrumento idóneo para solucionar situaciones conflictivas que pueden plantearse durante la existencia de la sociedad, como transmisión de participaciones, fallecimiento y sucesión de alguno de los socios, donaciones de participaciones, e incluso, las previsiones de extinción en determinados casos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *