La enajenación de activos en fase común del concurso de acreedores

En la vida de cualquier empresa que actúe en el tráfico mercantil, al amparo de cualquier forma jurídica, influyen irremediablemente las decisiones adoptadas por su órgano de dirección, especialmente si se encuentra en la fase de concurso de acreedores.

De esta forma, con independencia de la evolución general de la actividad económica a la que se dedique, una buena o mala inversión planteada por el órgano de dirección puede provocar un incremento en los gastos fijos de la actividad que deriven en una disminución de los beneficios de la empresa. Si a esto unimos evolución negativa del sector de actividad al que se dedica la empresa, la tragedia está servida.

En esta situación está claro que una vía de solución se encuentra en la posibilidad de vender activos de los que no dependa la continuación de la actividad empresarial, y en especial aquellos que pueden estar sometidos a un proceso más rápido de deterioro económico o aquellos que requieren unos elevados gastos de mantenimiento o incluso la enajenación de unidades productivas que conlleven la transmisión del pasivo al adquirente (esto último puede resultar más beneficioso para la sociedad en general). En determinados supuestos, una pronta actuación puede cambiar el rumbo económico de una empresa, y evitar llegar a una situación de insolvencia inminente. Pero además, también en el seno del procedimiento de concurso de acreedores, la posibilidad de enajenar determinados activos puede ser un instrumento muy útil para sanear empresas que han acudido a tiempo al concurso de acreedores.

La Ley Concursal 22/2003 ofrece al inversor la posibilidad de adquirir activos o unidades productivas de la empresa concursada, durante la fase de liquidación, y también en fase de convenio. Sin embargo como en esta situación el principal enemigo de la empresa es el tiempo, se nos antoja necesario analizar detenidamente las oportunidades que la LC brinda para proceder a la enajenación de activos durante la fase común del concurso, puesto que la espera puede provocar situaciones irrevocables.

No sólo porque quien hace una oferta no está dispuesto a esperar sine die la finalización de las distintas fases procesales, sino porque incluso existen determinados bienes que pueden perder su valor en cortos periodos de tiempo. Por este motivo conviene analizar las distintas posibilidades existentes y como han sido abordadas, en ocasiones de forma muy distinta, por las Audiencias Provinciales y Juzgados de lo Mercantil. Estas posibilidades pueden resumirse en dos, por un lado la prevista en el artículo 43, y por otro lado la liquidación anticipada prevista en el artículo 149.2 de la LC, que serán objeto de análisis en  siguientes artículos.

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